Estar enamorado…
De chico siempre me preguntaba que sería “estar enamorado” y hubo un tiempo en que aún creo haberlo estado. Platicaba conmigo mismo hasta que, cuando creía estar llegando a un acuerdo, el diablo hizo su aparición… y de nuevo esas preguntas, la tan compleja existencia; la batalla entre el ésto y el aquello.
- “¿ Y por qué…”, hace una pausa, mientras se servía un trago de whisky – “… crees haberlo estado?”. Relajado y en confianza con las sombras de mi cuarto contesto, como si casi estuviese confesando un secreto – “Pues… esa sensación de felicidad, ya sabes, el placer que se siente en alma y cuerpo cuando se está con otra persona; poder mirarle a los ojos y no pretender más que el tiempo no corra y permanecer uno al lado del otro; sentir la calidez y suave aroma del cuerpo de tu pareja…”. – “Querer que el tiempo no corra”, me interrumpe – “… es no querer evolucionar; aprender; vivir; experimentar… con esa persona…”. – “Supongo…”, interrumpo y continúo – “… pero creo que cuando dos personas comparten ésto que planteo, no se trata de algo tan físico como suena… el evolucionar; aprender; etc… es algo de mente y cuerpo…”. Levanta la mirada y entrecierra los ojos como si varias ideas ocupasen su cabeza y solo pregunta – “¿Te refieres a algo más espiritual?”. – “¡Claro! Bah, por así decirlo”, concluyo sin mucho entusiasmo, como si no creyese en lo que yo mismo sugería. Aguardamos un momento en silencio mientras repensabamos lo charlado y buscábamos como volver a la conversación. Me sirve un trago y, al terminar de hacerlo, vuelve su mirada a mí y pregunta – “Entonces crees que el amor se trata sobre algo más espiritual pero a su vez necesitas estar físicamente junto a la persona que ‘ames’”. Pienso unos instantes mientras bebía un trago. Miro alrededor como si fuese a hallar una respuesta entre las sombras de mi habitación – “Digo… sin dudas necesitamos de lo físico…”, no conforme con la respuesta, agrego – “… aún seguimos siendo personas físicas, necesitamos satisfacer las necesidades de mente, corazón y eso…”. Dirijo mi mirada hacia el, pero su sombra había desaparecido. De cierta forma la charla me dejó tranquilo, pues veía un lado de mí que desconocía.
Viktor Hugo Morales
Jueves 19 de Enero del 2012, 1:27hs
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